Todo comenzó en los tiempos en el que el poder de Roma se hacía notar en la peninsula; allá por el noreste, en territorio de los ástures. Los romanos llamaron a esa región Asturia, y comprendia un vasto territorio desde las costas del cantábrico hasta tierras hoy zamoranas y cuya capital se asentó en lo que en la actualidad es la ciudad de Astorga (Astúrica Augusta). Con la decadencia del imperio romano llegaron a la peninsula los visigodos en el 507, encargandose del cuidado de la herencia romana. Se extendieron a lo largo y ancho de Hispania estableciendo su capital en Toledo, hasta el momento en que los musulmanes invadieron Hispania en el 711 dando por finalizado su reinado. Pelayo, supuesto hijo de Rodrigo (último rey visigodo) organizó un foco de resistencia, y se dá por hecho que fue nombrado rey alrededor del 718; así se crea el Asturorum regnum, que más tarde esablece su corte en Cangas de Onís con Alfonso I, el responsable de reconquistar la ciudád de León entre otras.(750-753).
Con Garcia I, primogénito de Alfonso I se traslada la corte de Oviedo a León, año 910. Poco despúes, la capitalidad del reino pasa a León.
Historia de León en 1000 palabras
León, comunidad histórica
Podemos rastrear nuestras raíces a través de la continuidad poblacional y cultural en este territorio histórico hasta remontarnos a las tribus ástures y a tiempos prerromanos.
El pueblo ástur mantuvo su identidad y personalidad bajo el Imperio Romano como el Convento Jurídico Ástur con capital en Astúrica (Astorga). Recuperó su autonomía tras la caída del Imperio Romano y la defendió frente a los godos y frente a los árabes y llegó a ser uno de los más importantes reinos de la Edad Media.
Esta tierra profundamente explotada por los romanos fue la más importante mina de oro de la antigüedad.
La romanización de los ástures se produjo más tardía y más superficialmente que en el resto de Hispania.
La cristianización hizo de Astorga también la capital espiritual, sede episcopal.
Como corroboró el eminente Caro Baroja: “Difícilmente se podrá encontrar en toda Europa una región en la que los elementos de la cultura moderna se hallen tan en armonía con los datos de un pasado remoto como León”.
La lengua latina en labios del pueblo ástur ha devenido en la lengua asturleonesa.
Hace 1.300 años el territorio ástur se configuró políticamente como un reino: el asturorum regnum o reino de los ástures. Cuando, por razones estratégicas, la corte se estableció definitivamente en León, empezó a llamarse Reino de León.
El Reino de León se extendió por Galicia, Portugal, Castilla, Extremadura y Andalucía. Sus reyes fueron reconocidos como soberanos por los otros reyes de la Península, tanto cristianos como musulmanes. Hubo una época de máxima potencia política, económica y cultural. El romance asturleonés era el utilizado en los documentos oficiales y en la creación literaria.
El pueblo ástur era esencial y profundamente democrático. Decidía los asuntos comunes en asamblea (concejos). Realizaba los trabajos de interés general entre todos (facenderas). Fue este pueblo el primero de Europa que consiguió de un rey una carta de garantías y libertades y tener representación en las Cortes, era el 1188 y se puede considerar un precedente de las modernas constituciones. De ahí que el Reino de León se articulase respetando la diversidad, las peculiaridades y la autonomía de aquellos reinos que le eran vasallos.
León en su máximo esplendor, cuando nuestro Rey Alfonso VII era reconocido como Emperador se asemeja, salvando las distancias, al actual estado de las autonomías: la unidad en la pluralidad.
En el siglo XII Portugal se independizó de León. En siglo XI el condado de Castilla, también se separó de León y se declaró independiente; pero sus aspiraciones no eran la independencia sino la hegemonía. Con el tiempo, la fuerza y las políticas matrimoniales, sus condes, transformados en reyes, también lo fueron de León, Galicia, Toledo, Murcia, etc…
La hegemonía castellana vino acompañada del declive leonés. Declive económico, social, cultural y político, aunque conservó sus cortes y sus leyes.
Formalmente el Reino de León mantuvo su personalidad jurídica de manera que todos los reyes siguieron siendo proclamados Reyes de León según nuestras fórmulas tradicionales.
El último rey proclamado en León fue Isabel II. Esta reina fue después la primera que usó el título de Reina de España, anteriormente todos los reyes se titulaban reyes de Galicia y de León y de Castilla y de Navarra y de Toledo y de Murcia y de Córdoba, etc.
La región más norteña del Reino de León recibió en el siglo XIV el título de Principado de Asturias, lo cual fue marcando su personalidad y acentuando sus peculiaridades.
Salamanca, territorio históricamente leonés, por expansión, es el que más ha sufrido la presión castellanizante.
Otro territorio ástur, la tierra de Miranda, quedó muy pronto bajo soberanía portuguesa y, no obstante, ha mantenido hasta hoy la lengua y cultura asturleonesa. Es en el único lugar donde nuestra lengua propia tiene reconocimiento de lengua cooficial, junto con el portugués.
Después de la división provincial de 1833 las únicas entidades territoriales supramunicipales con contenido competencial eran las provincias, aunque se consideraban regiones a diversas agrupaciones provinciales como testimonio de las distintas unidades culturales e históricas que conforman España. Según el Real Decreto de 30 de Noviembre de 1833 (el de Javier de Burgos) León son tres provincias: León, Zamora y Salamanca.
En 1936, durante la República, se crea el Consejo Interprovincial de Asturias y León. El 28 de octubre de 1937 se declaró independiente al estar bloqueado por el ejército franquista. Llegó a acuñar moneda. Con la victoria de las fuerzas nacionalistas en la guerra civil ésta y otras tentativas autonomistas de gallegos, vascos y catalanes fueron anuladas.
Con la recuperación de la democracia, la constitución de 1978 recuperó también el derecho de los pueblos, regiones o nacionalidades a constituirse en comunidades autónomas. Pero en varios casos las autonomías que se constituyeron no reflejan la configuración regional histórica.
De Castilla la Vieja se separó la provincia de Santander que recuperó la identidad cántabra después de haberla perdido a manos de los romanos hacía 2.000 años. De Castilla la Vieja se separó también Logroño, que pasó a llamarse La Rioja como autonomía separada.
De Castilla la Nueva se separó la provincia de Madrid.
De la región de Murcia se separó la provincia de Albacete que se integró en Castilla la Nueva, ahora con el nombre de Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.
La Región Leonesa fue forzada mediante artimañas dudosamente legales y en contra de la voluntad popular a integrarse junto con los restos de Castilla la Vieja en una Comunidad Autónoma conjunta con el nombre de “Comunidad Autónoma de Castilla y León”.
Desde entonces, hace ahora 20 años, las provincias leonesas no han dejado de bajar puestos en el ranking español. El paro, la emigración, el envejecimiento, la falta de expectativas… no es lo peor.
Lo peor es la pérdida de la autoestima, la negación de nuestro propio ser y la antidemocrática negación de la voluntad mayoritaria de los leoneses que siguen clamando desazonadamente como aquel 4 de mayo en que se manifestaron 100.000 por las calles de la ciudad de León.
Enrique Soto.
El pueblo ástur mantuvo su identidad y personalidad bajo el Imperio Romano como el Convento Jurídico Ástur con capital en Astúrica (Astorga). Recuperó su autonomía tras la caída del Imperio Romano y la defendió frente a los godos y frente a los árabes y llegó a ser uno de los más importantes reinos de la Edad Media.
Esta tierra profundamente explotada por los romanos fue la más importante mina de oro de la antigüedad.
La romanización de los ástures se produjo más tardía y más superficialmente que en el resto de Hispania.
La cristianización hizo de Astorga también la capital espiritual, sede episcopal.
Como corroboró el eminente Caro Baroja: “Difícilmente se podrá encontrar en toda Europa una región en la que los elementos de la cultura moderna se hallen tan en armonía con los datos de un pasado remoto como León”.
La lengua latina en labios del pueblo ástur ha devenido en la lengua asturleonesa.
Hace 1.300 años el territorio ástur se configuró políticamente como un reino: el asturorum regnum o reino de los ástures. Cuando, por razones estratégicas, la corte se estableció definitivamente en León, empezó a llamarse Reino de León.
El Reino de León se extendió por Galicia, Portugal, Castilla, Extremadura y Andalucía. Sus reyes fueron reconocidos como soberanos por los otros reyes de la Península, tanto cristianos como musulmanes. Hubo una época de máxima potencia política, económica y cultural. El romance asturleonés era el utilizado en los documentos oficiales y en la creación literaria.
El pueblo ástur era esencial y profundamente democrático. Decidía los asuntos comunes en asamblea (concejos). Realizaba los trabajos de interés general entre todos (facenderas). Fue este pueblo el primero de Europa que consiguió de un rey una carta de garantías y libertades y tener representación en las Cortes, era el 1188 y se puede considerar un precedente de las modernas constituciones. De ahí que el Reino de León se articulase respetando la diversidad, las peculiaridades y la autonomía de aquellos reinos que le eran vasallos.
León en su máximo esplendor, cuando nuestro Rey Alfonso VII era reconocido como Emperador se asemeja, salvando las distancias, al actual estado de las autonomías: la unidad en la pluralidad.
En el siglo XII Portugal se independizó de León. En siglo XI el condado de Castilla, también se separó de León y se declaró independiente; pero sus aspiraciones no eran la independencia sino la hegemonía. Con el tiempo, la fuerza y las políticas matrimoniales, sus condes, transformados en reyes, también lo fueron de León, Galicia, Toledo, Murcia, etc…
La hegemonía castellana vino acompañada del declive leonés. Declive económico, social, cultural y político, aunque conservó sus cortes y sus leyes.
Formalmente el Reino de León mantuvo su personalidad jurídica de manera que todos los reyes siguieron siendo proclamados Reyes de León según nuestras fórmulas tradicionales.
El último rey proclamado en León fue Isabel II. Esta reina fue después la primera que usó el título de Reina de España, anteriormente todos los reyes se titulaban reyes de Galicia y de León y de Castilla y de Navarra y de Toledo y de Murcia y de Córdoba, etc.
La región más norteña del Reino de León recibió en el siglo XIV el título de Principado de Asturias, lo cual fue marcando su personalidad y acentuando sus peculiaridades.
Salamanca, territorio históricamente leonés, por expansión, es el que más ha sufrido la presión castellanizante.
Otro territorio ástur, la tierra de Miranda, quedó muy pronto bajo soberanía portuguesa y, no obstante, ha mantenido hasta hoy la lengua y cultura asturleonesa. Es en el único lugar donde nuestra lengua propia tiene reconocimiento de lengua cooficial, junto con el portugués.
Después de la división provincial de 1833 las únicas entidades territoriales supramunicipales con contenido competencial eran las provincias, aunque se consideraban regiones a diversas agrupaciones provinciales como testimonio de las distintas unidades culturales e históricas que conforman España. Según el Real Decreto de 30 de Noviembre de 1833 (el de Javier de Burgos) León son tres provincias: León, Zamora y Salamanca.
En 1936, durante la República, se crea el Consejo Interprovincial de Asturias y León. El 28 de octubre de 1937 se declaró independiente al estar bloqueado por el ejército franquista. Llegó a acuñar moneda. Con la victoria de las fuerzas nacionalistas en la guerra civil ésta y otras tentativas autonomistas de gallegos, vascos y catalanes fueron anuladas.
Con la recuperación de la democracia, la constitución de 1978 recuperó también el derecho de los pueblos, regiones o nacionalidades a constituirse en comunidades autónomas. Pero en varios casos las autonomías que se constituyeron no reflejan la configuración regional histórica.
De Castilla la Vieja se separó la provincia de Santander que recuperó la identidad cántabra después de haberla perdido a manos de los romanos hacía 2.000 años. De Castilla la Vieja se separó también Logroño, que pasó a llamarse La Rioja como autonomía separada.
De Castilla la Nueva se separó la provincia de Madrid.
De la región de Murcia se separó la provincia de Albacete que se integró en Castilla la Nueva, ahora con el nombre de Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.
La Región Leonesa fue forzada mediante artimañas dudosamente legales y en contra de la voluntad popular a integrarse junto con los restos de Castilla la Vieja en una Comunidad Autónoma conjunta con el nombre de “Comunidad Autónoma de Castilla y León”.
Desde entonces, hace ahora 20 años, las provincias leonesas no han dejado de bajar puestos en el ranking español. El paro, la emigración, el envejecimiento, la falta de expectativas… no es lo peor.
Lo peor es la pérdida de la autoestima, la negación de nuestro propio ser y la antidemocrática negación de la voluntad mayoritaria de los leoneses que siguen clamando desazonadamente como aquel 4 de mayo en que se manifestaron 100.000 por las calles de la ciudad de León.
Enrique Soto.